febrero 16, 2012



Aquel día, derrapadas las ilusiones  tras el manto de los NO que tanto hablaron, solo pensaron en morir.
Tiritando por el frío de la conversación, partió tarareando la melodía de una canción que nunca conoció.  Mientras, dibujaba en los espejos de la vereda la triste mirada que la saludo al partir (bastante más de lo que la tenía acostumbrada su tímida sonrisa) 
-Corrió. Lo abrazó, le pidió que le robe un beso como lo hizo aquella primera vez. Le susurró al oído mil razones por las que creía que juntos pueden contra todo - 
Abrió sus ojos y recordó una y otra vez aquella mirada asustada, cansada y supo que no sería ella quien lo abrazaría en la cama que a él no le gusta compartir.
A menudo soñaba para poder dormir (aunque nunca le gustó mucho , prefería volar o andar pies para arriba y correr sobre sus manos). Intentó encontrarlo en sus sueños para explicarle; él llegaba entre nubes en su caballo azul tarareando aquella canción, siempre mirando hacia atrás.
Apagó el calentador para recordar el frío, hubiera prendido un cigarro para perpetuar ese instante pero ya no tenía esa costumbre. “…Decidir es siempre una de las posibilidades, también puedes no hacerlo, aunque en ello se vaya la mas grande de tus decisiones…”
Como comúnmente hacía antes de despertar se dispuso a escribir en su diario, “me pregunto si la vida un día nos cruzará en los ojos de quien comparta con ausencia nuestra habitación, y si en aquel instante, lamentaremos el adiós o brindaremos a la salud de un viejo amor...”
Cerró aquel libro espiralado de tapas bordó y destapó el vino que había guardado para aquel día en que, derrapadas las ilusiones tras el manto de los NO que tanto hablaron,  ya no pensaran en morir. 



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